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13
de junio de 1975
Empieza
el verano, de vuelta a la casa donde reina el frío
Eva
atravesó las puertas de salida del aeropuerto de Barajas empujando
un carrito lleno de maletas. Bebió agua de su botella mientras
miraba por entre la multitud. Enseguida divisó a Teo, que hizo un
ligero ademán con la cabeza a modo de saludo y empezó a acercarse a
ella. Ni siquiera se preguntó por qué su madre no había ido a
recogerla; nunca lo había hecho. Teo se ocupaba de su transporte y
de su seguridad. Aunque siempre era muy parco en sus bienvenidas,
había algo en él que reconfortaba a Eva, quizá porque era un
hombre enorme que, aunque siempre serio, no conseguía quitarse un
aura de bonachón. La contradicción entre su cuerpo de gigante y su
cara gentil siempre hacía sonreír a la muchacha.
